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Un Camino de Santiago cultural, gastronómico y de naturaleza

Sucedió el pasado primero de octubre. Un grupo de ciudadanos chinos, hombres y mujeres, con posición elevada en el ranking de la dirección empresarial y de negocios en su país, altos ejecutivos, procedentes de Estados Unidos, Europa y la propia China, se dieron cita en Madrid para viajar ese mismo día a Sarria, en la provincia de Lugo como punto de origen para comenzar al día siguiente el Camino de Santiago.

El grupo de los nueve influyentes chinos peregrinos que se volvieron a casa entusiasmados con la aventura andarina española, lo formó la chino/española Margaret Chen, casada con español, madre de española y que vive entre nosotros desde hace veintidós años. Todos ellos son, no sólo brillantes ingenieros informáticos sino compañeros de promoción y de universidad, la prestigiosa y elitista Shanghai Jiao Tong University a la que no se accede si no se viene precedido de un excelente expediente académico. Las redes sociales les han mantenido en contacto estos años y, aunque solo uno de ellos, Yongdong Wang, el Chief Technology Officer de Microsoft China sigue directamente vinculado en el ejercicio de la carrera que estudiaron en su día, el resto han desarrollado su vida profesional por senderos diferentes a la informática. Por ejemplo Jeff, -los chinos occidentalizan sus nombres propios para nuestra mejor comprensión- atiende sus casinos en Macao e inversiones inmobiliarias; Cristina y Jude gestionan cada uno diferentes hedge funds; Phillip está al frente de la presidencia en China de la Española Prosegur; Sara con sus libros y escritos; James y Kevin atienden la dirección de multinacionales norteamericanas en Shanghai y en Europa; Margaret, la líder de la iniciativa, es asesora estratégica de empresas de tecnología y se ocupa muy eficientemente de atender las necesidades de los directivos y ejecutivos chinos en España al frente del China Club Spain. Ha sido la urdidora de esta primera peregrinación de cuadros chinos de gran relevancia para hacer más veces el Camino de Santiago, idea que ha calado como fantástica por lo relajante y beneficiosa con óptimos resultados personales, por las que ya ha recibido propuestas -el boca/oído ha funcionado rápidamente- para repetir el año que viene en cuanto llegue la primavera.

Gente estupenda, cariñosa y sensible en todos los aspectos, me confirmaron que se lo pasaron en grande todos ellos la semana que duró la experiencia. No sólo porque son personas que por el ejercicio de sus responsabilidades necesitaban el descanso y desestresarse sino porque venían con el espíritu abierto a dejarse querer por todo aquello con lo que iban tropezando por los senderos del Camino. Las gentes, la amabilidad, el deseo de ‘’buen camino’’ que se dicen los peregrinos unos a otros y que ellos le repetían a los compañeros de andadura y sobre todo la comida. Les gusta todo, absolutamente todo lo que comieron y les ponían en la mesa, les gusta. Desde el cocido maragato en el pueblo arriero de Castrillo de los Polvazares en Astorga, donde estuvieron asentadas las tropas de Napoleón, por cierto, parada obligada por lo sorprendente que resulta la arquitectura del pueblo, hasta los platos de cerdo en todas las variedades que los gallegos manejan con tanta sabiduría. Les gusta la oreja, las manitas, el morro. Los pimientos de Padrón desde que los descubrieron, eran obligatorios y en cantidad; las sopas a los chinos como quiera que se las ofreciesen siempre. Lo mismo daba caldo gallego que callos a la gallega, en nada parecidos a los callos a la madrileña, sopa de fideos con tropezones o sin ellos, sopa, cuanta más mejor. De pulpo y de percebes no muy conocidos en China, repitieron más de una vez. Ensaladas y verde siempre. El pan gallego desaparecía enseguida de la mesa, les gusta echar un poco de aceite de oliva en el plato y mojar mientras llega la comida. Es un placer verles comer, les gusta todo, el ribeiro también, claro que las caminatas de hasta 29 kilómetros uno de los días dan más que hambre.

Se volvieron sabiendo varias cosas que descubrieron de la gastronomía española que si bien el choque cultural y la comida deben de ser muy distinta de la nuestra, desde luego tenemos muchas cosas en común por cómo se adaptaron y disfrutaron de todo aquello que probaron que fue mucho. Descubrieron no solo las tapas que les gustaron mucho, -los chinos son amigos de comer varios pocos a lo largo del día- pero también los magníficos vinos que tenemos con preponderancia de los Ribera del Duero sobre los vinos de Rioja; los ribeiro, vino autóctono gallego les encantó porque se sirve fresco y es suave y el orujo blanco también lo probaron pero con moderación. Se fueron con algunos conocimientos sobre el aceite oliva virgen crudo del que son entusiastas; el jamón ibérico lo consideran un manjar y lo distinguen perfectamente y desde lejos por color y textura del jamón serrano; las aceitunas negras por encima de las verdes y palabras en español probablemente no recuerden ninguna, pero si se atrevían a pedir cosas a los camareros, pimientos, más vino, más pan, palillos, donde está el baño? y hacerse entender en la medida de lo posible.
Desde Sarria a Portomarin, Palas de Rei, Arzúa, Pedrouzo y Santiago fue la caminata que hicieron a paso firme y decidido, con tesón y buena cara. Parecían no tener la preparación física que se necesita para hacer el Camino de Santiago pero eran correosos y administraban bien sus fuerzas.

Los alojamientos, en casas rurales apartados un poco del ambiente peregrino de los albergues, les aportaban alguna de las comodidades que necesitaban como era la buena mesa y la conexión wi-fi para atender algún asunto profesional al que apenas dedicaban más de 15 minutos diarios, se sabían de vacaciones y contacto con el trabajo lo justo.

Fotos, cientos de ellas sí hicieron cada uno con sus teléfonos, cámaras y iPads. Les gustaban mucho los bancos de niebla de por la mañanas vistas desde lo alto en carretera. También los platos de comida y su presentación. Risas, buen humor, sencillez extrema en todo. Fue un acierto haber viajado con ellos y convivido en el microbús, compartir hoteles y sentarme a la mesa con ellos donde de la comunicación gestual y el interés en entendernos por ambas partes sustituye a la palabra hablada de la que en muchas ocasiones se puede prescindir aunque el inglés es muy recurrente.

El Camino de Santiago, el esfuerzo, el paisaje, los senderos, las gentes y la hospitalidad propician la bonhomía y sacan lo mejor de cada uno. Se vuelve a la rutina viendo las cosas de manera diferente y sobre todo viéndote a ti mismo con un enfoque positivo de la vida.

¡Buen camino¡

Por Fernando Baez

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